Mi corazón crujió como si un trozo de hielo se hubiese estrellado contra el piso. Quizá las pequeñas partículas de éste estarían hechas polvo después de que tus pasos hubieron andado sobre ellas.

Mi rostro se tiñó de melancolía cuando las últimas palabras pronunciadas por tu boca fueron dejando un eco en el aire, mismo aire que que me dió tantas veces aliento para seguir; mismo aire que tantas veces me alentó a levantarme y andar.

Lágrimas amargas mojaron desesperadamente mis mejillas, parecía llover en mi alma. Y tus ojos inmunes miraron por última vez tu obra, quizá con desdén ¿o era acaso tristeza?...

Una vez más mi oidos escucharon "adios" y me negué a creerlo. Posiblemente dentro de mí aún sentía la llama arder, pero, quizá tu fuego se extinguió, dejando en cenizas el amor que nos unió.

Melancolía era ahora lo que miraba a través de mi ventana, un Sol extinguiéndose... un cielo cubriendose de colores rojizos... quizá el cielo estaba como yo herido...

La luz menguaba... el manto oscuro cubría mi cuerpo... el viento helado rozaba cada parte de mi piel, casi lo sentía colarse hasta mi alma... helándola... matándola... La luna parecía esconderse a mis constantes preguntas y las estrellas lejanas hacían oídos sordos a mis súplicas...

Melancolía era ahora la lluvia, que en vez de refrescar parecía quemar. Melancolía eran ahora las nubes, las nubes grises que parecían enfurecerse ante mi vulnerabilidad.

Melancolía era tu rostro, perdiéndose entre las sutiles luces que se apagaban, melancolía era tu voz... que cual eco de sirenas embriagaba... melancolía era tu sonrisa... que ya no iluminaba... melancolía... eras tú...

By: Jezabel